Como te lo cuento, Volando voy

Mi rutina coreana. Cinco minutos al día para cambiar de piel

Algunos de los tesoros que me traje de Corea del Sur/ M.H.

La primera vez que fui consciente de que se me había acabado el chollo con la cara fue el día en el que pagué más de 120 euros en cremas de envases simplones en la farmacia de debajo de mi casa. Que si una pomada, que si una loción, que si una crema para por la noche… Señora, si yo no me he puesto crema en la vida, ¿cómo voy a necesitar una solo para por la noche? Horas antes, la dermatóloga a la que había acudido en busca de un agua más milagrosa que la de Lourdes, me había mirado con condescendencia cuando acudí a su consulta con un pseudoataque de nervios porque se me caía la cara a trozos. «Es rosácea y no tiene cura», me dijo la muy ***de***. Vivía los peores días de mi «leucemia» no diagnosticada, de mi infarto de miocardio y de vete tú a saber cuántas enfermedades más que google me había diagnosticado. La tal rosácea no era ni más ni menos que el efecto visible de que la ansiedad había llegado a mi vida. Una especie de letra escarlata que durante tres o cuatro meses hacía que todo el mundo me dijera las palabras malditas: tienes las mejillas muy rojas, como irritadas.

Adiós al colorete, adiós a mi vaguería con los cosméticos y bienvenidos los potingues a mi baño. Para ser honesta, ninguno de los 120 euros que me gasté en aquella tanda me sirvió de nada. Ni para decorar el baño, como hacen las pijas. Mi procesión iba por dentro. Así que meses después, cuando mi vida volvió a la normalidad también lo hizo mi cara. En concreto, mis mejillas, que recuperaron su aspecto de piel normal. Menudo susto para alguien a que había conseguido dar esquinazo a los granos durante toda su adolescencia.

Pero vayamos al asunto. Aquella preocupación temporal me abrió los ojos y despertó en mi el deseo de la inmortalidad. Siempre había tenido una buena piel sin hacer ningún esfuerzo y quería seguir teniéndola. Durante los cuatro años siguientes leí y leí sobre el asunto, sin atreverme a dar el paso. Mi filosofía hasta ese momento siempre fue aquella de: que me quede como estoy. Para ello, logré mantener el lustre con ausencia de maquillaje y con una crema para pieles sensibles y extra secas de Bioderma que pillaba en la parafarmacia del Carrefour cada seis meses. Bueno, y con un sérum que me costó un pastón en Islandia y que me arregló definitivamente el desaguisado que la ansiedad había dejado en mis carrillos.

Sin embargo, este verano algo hizo click. Elegimos Corea del sur para ir de vacaciones y, claro, ahí la movida de las caras es otro asunto. Un mes antes del viaje me leí varias tesis doctorales sobre la cosmética coreana, buceé en decenas de webs y blogs sobre su famosa rutina y me hice la whislist más larga de la historia. Y no miré pelo. Tenía que comprarme todos los remedios milagrosos que me iban a convertir en menor de edad en meses.

Ya en Seúl, creé un itinerario de tiendas de cosmética, busqué en qué local vendían cada potingue y me pasé a boli los más de 50 productos que necesitaba para vivir. Solo me faltaba un pequeño detalle: llegar a un acuerdo con Gorka para invertir una tarde de nuestras vacaciones en hacer la ruta de la crema. Teniendo en cuenta que acababa de cumplir los años hacía días, el pacto no me costó demasiado. Conclusión: llené media maleta de productos, tuve que comprar un mueble al llegar a casa para colocarlos todos y he aprendido a conocer mi piel. Además, nos aprendimos el nombre de decenas de tiendas coreanas, investigué dónde comprarlos en España y gasté por primera vez frascos enteros de cosas que ya he repuesto.

Hoy, siete meses después de haber puesto la primera gota de los potingues coreanos en mi cara día tras día y noche tras noche, me siento en disposición de revelar todos los secretos que la ciencia no quiere que sepas. Eso y de cantar victoria con la primera rutina que adquiero en mi vida y que no me saltó por nada del mundo.

Vaya por delante que éste no es un post de productos, porque para eso ya habrá otro un poquito más adelante, sino de los pasos que doy mañana tras mañana y noche tras noche para tener la cara más lisa que la que tenía cuando hice la comunión. El secreto, además, es muy sencillo: limpiar, limpiar y limpiar. Dice la dermatóloga Gema Herrerías, una de las expertas en dermocosmética de cabecera de Cristina Mitre (editora jefe durante años de la sección de Belleza en la revista Elle y hoy divulgadora de lifestyle como pocas), que lo importante para tener una cara perfecta «no es dar a la piel lo que necesita, sino activar la piel para que lo produzca ella misma». Amén, hermana. Así que os paso a explicar lo que la rutina coreana ha hecho por la mía. Aunque tiene diez pasos, yo hago con los mandamientos, los resumo todos en uno: Hacer la doble limpieza por encima de todas las cosas.

Rutina de noche

Paso 1: Limpiador a base de aceite. Tengas como tengas la piel, hay un tipo de limpiador a base de aceite para tu cara. Aceite, en este caso, no es sinónimo de grasa, sino de limpieza. Es el paso necesario para deshacer cualquier resto de potingue o porquería que llevemos en la cara. Desde maquillaje, a cremas, pasando por la grasa, sudor o polución que acumulamos a diario. Actúa como un imán contra todos estos elementos y es el primer paso indispensable de la rutina. Podemos encontrarlo en innumerables formatos. Los hay en forma de bálsamo, como las vaselinas de los labios, que se funden al contacto con el calor de nuestras manos. También en sorbete, menos denso, o en aceite. Os aseguro que son como una goma de borrar, sea cual sea tu nivel de guarrería en la cara. Lo aplicamos en muy pequeña cantidad por toda la cara y masajeamos bien durante unos segundos. El resultado es terrible. Yo a veces parezco el cisne negro, porque te saca el rimmel al segundo. Este tipo de limpiadores a base de aceite se retiran con agua, sin necesidad de frotar demasiado. No hay que secar la cara, sino que hay que aprovechar el agua que queda para el siguiente paso.De hecho, su única misión es la de limpiarnos la cara de porquería, pero dejan un residuo que debemos quitar en el segundo paso.

Paso 2: Limpiador de base acuosa. Este es probablemente el paso con el que siempre te has limpiado la cara hasta ahora. Bien sea con un jabón, un gel, una espuma o un agua micelar. Yo aprovecho el agua que me queda en la cara tras aclararme el aceite anterior y añado ahí una espuma limpiadora que arrastra todos los posibles restos que hayan quedado en el anterior paso. Los formatos para este paso también son interminables. Geles, jabones, espumas, aguas, mascarillas… En este momento, yo he añadido un nuevo elemento que me facilita la labor y me acrecienta los efectos de la doble limpieza. Se trata del cepillo de limpieza facial Foreo. Lo utilizo una vez me he aplicado la espuma en la cara para frotarla sin esfuerzo. Los resultados son una pasada. Te aplicas el limpiador, te lavas con las manos o con el Foreo y te aclaras con bien de agua limpia. Secas la cara con una toalla limpia y fin de la limpieza. En total, en los dos pasos, no habremos tardado más de 2 minutos. Es todo muy automático cuando lo has interiorizado. Los fines de semana yo utilizo mascarillas limpiadoras, en divertidos formatos, que me permiten ponerme unas espuma similar a la del merengue durante un ratito y retirarlas a los 10 minutos sin esfuerzo. Mascarillas limpiadoras hay de diversos tipos y no hay que confundir con las mascarillas de hidratación, luminosidad, calmantes… Que son otra cosa y se aplican en un paso posterior.

Paso 3: Tónico. Cuando estuve en Corea me explicaron que igual que siempre mojamos la esponja de la ducha para que coja bien el jabón (si lo hacemos en seco, resbala y no penetra), con nuestra piel debe ocurrir lo mismo. Nuestra cara es una esponja, que una vez limpia, necesita estar receptiva para absorber los distintos productos que queremos utilizar. Y aquí es donde viene el papel del tónico. El tónico es el agua de la esponja. Es lo que humedece nuestra piel para que pueda coger bien la crema, el sérum o lo que le quieras echar después. Los tónicos coreanos no tienen nada que ver a los que alguna vez hayas comprado y hayan caducado en tu baño. Son densos, refrescantes, hidratantes o equilibrantes. Se aplican, generalmente con los dedos, a golpecitos. Yo lo aplico con las manos y dejo secar un minutito. Tiempo que aprovecho para lavarme los dientes. El tónico no se retira ni se aclara. Devuelve a nuestra piel al PH y comodidad necesarios después de la doble limpieza.

Al volver de Corea tuve que comprarme este mueble para ordenar todos los productos…/M.H.

Paso 4: Esencia. Es el elemento diferenciador de la rutina coreana. Algo que no utilizamos en Occidente y que supone el toque de calidad de todo el proceso. La esencia es lo que activa nuestra piel para que pueda trabajar por sí misma. Aquí cada una tiene que introducir la necesidad que requiera. Hay esencias para todas las pieles. Su textura es similar a la de un sérum. Líquida, pero manejable. Es un producto casi mágico. Yo, por ejemplo, utilizo una de galactomyces para la luminosidad, con una gran concentración de principios activos. Pero últimamente también he introducido la vitamina C o los retinoles, de manera alterna. Se aplica en la cara en pequeña cantidad y con los dedos. No se aclara.

Paso 5: Hidratación. Bien sea en crema, en loción, en sérum…siempre acabo la rutina con unas gotas de hidratante, acorde a mi tipo de piel: sensible y seca. Aquí es donde entra vuestra crema de toda la vida. Tampoco se aclara. Yo utilizo dos alternativamente: una crema más neutro y otros días un sérum de ácido hialurónico puro. De aquí, nos vamos a la cama. En total, habremos tardado 4-5 minutos.

Pasos opcionales de rutina nocturna

Los fines de semana suelo realizar una rutina completa en al menos uno de los días. Estos son los pasos que completan a los cinco anteriores.

Exfoliación: La realizo después de la doble limpieza y antes del tónico. No utilizo exfoliantes físicos (los típicos que llevan gránulos y que arrastran células muertas) porque me irritan. Los prefiero químicos y los alterno según el estado de mi piel. Con una vez a la semana, me sobra. Lo suelo aplicar sobre la piel limpia y, o retiro con agua, o si es un ácido, lo dejo actuar toda la noche. Después de la exfoliación continuamos con el paso del tónico.

Algunas de las más de 100 mascarillas que compré en Corea /M.H.

Mascarilla: Los días de diario no utilizo mascarillas porque no tengo tiempo ni momento para relajarme, pero todos los fines de semana me pongo una. Son muy baratas y podéis encontrarlas en Sephora o en cualquier droguería. Son de hidrogel o algodón. Vienen impregnadas en la fórmula que hayamos elegido (hidratante, revitalizante, luminosidad, equilibrante, secante, drenante, regenerante, de colágeno…) y se colocan directamente sobre la piel limpia y tonificada. Se dejan actuar durante unos 20 minutos y se retiran quitando la tela de nuestra cara. Además de muy efectivas, son super relajantes. No se aclaran en ningún caso. De hecho, si la cara se te queda húmeda después de quitártela, aprovecha ese líquido para restregarlo por el cuello. Es oro líquido. Después de la mascarilla yo no suelo aplicarme nada más porque mi piel no lo necesita. Pero si me noto sequedad, me pongo unas gotas de crema hidratante o sérum antes de dormir.

Mascarillas nocturnas/M.H.

Mascarilla de noche: Una de las revoluciones de Corea. Las utilizo si en algún momento de la semana me veo la cara más apagada de lo normal. Después de la esencia me pongo la sleeping mask. Es una especie de crema muy untuosa que se aplica como si fuera la crema, pero que no se absorbe del todo. Yo las utilizo de colágeno puro para retener más agua en la piel, ya que la tengo muy seca.Tranquilos, porque no mancha ni deja resto en la almohada. Es mágica. No hay que aclararla. Solo ponerla y meterse en la cama. Actúa durante la noche.

Parches de hidrogel. /M.H.

Parches de hidrogel: Parches para la zona de las ojeras que me permiten refrescar y descongestionar esa zona. Los pego a la zona durante 30 minutos mientras hago cosas en casa o simplemente me relajo. Me suavizan mucho la zona y me rebajan los ojos cansados. Un auténtico descubrimiento que solo había visto en Corea.

Fundas exfoliantes para usar con el dedo/ M.H.

Tiras y fundas de dedo para los poros: Las ya conocidas tiras que se pegan a la nariz y arrancan los puntos negros tienen en Corea del sur su paraíso. Compré de varias marcas y funcionan genial. Apenas los uso con regularidad, pero una vez al mesa caen. Las fundas de dedo seguro que os suenan a chino. Son una especie de punta para el dedo índice hechas de fibras que se humedecen y nos sirven para frotar las zonas donde los poros están peor. Yo tengo siempre uno en la ducha. Es muy útil, barato y de usar y tirar.

Rutina de día

Paso 1: Limpieza en la ducha. Yo sólo utilizo un jabón en gel y me ayudo del Foreo. Los tengo en la ducha. Aunque pensemos que la cara está limpia porque sólo hemos dormido, no es cierto. Los cosméticos han hecho efecto y han hecho a la piel trabajar, así que nuestra cara tiene, además de los cosméticos, restos de grasa o sudor que hay que limpiar por la mañana.

Paso 2. Tónico o agua de belleza. Por la mañana no uso el tónico, sino que me vaporizo al salir de la ducha con un spray de agua termal, o una de belleza coreana que dosifico porque me funciona genial. El agua de la ducha me reseca bastante, por lo que una vez limpia, y aún en albornoz, me vaporizo tónico o agua termal.

Paso 3. Hidratante y protección solar. Nunca salgo de casa sin protección solar. Algunos días uso una con color. Otros una protección vaporizada. Depende del día. Las coreanas nos ayudaron muchos con las BB cream y CC cream, que llevan la hidratante, el maquillaje y la protección en un solo paso.

Y así es como pasé de usar una misma crema para todo a haber creado un hábito y una rutina que no me salto por nada del mundo. Ni cuando viajo (tengo un neceser de tallas pequeñas), ni aunque llegue tarde a casa. Un truco que me funciona muy bien es hacerme la rutina cuando entro a casa y no esperar al momento de antes de dormir porque me da más pereza.

Respecto a los precios, los productos que compré en Corea fueron casi todos a precios super asequibles. Podéis haceros con todo lo necesarios para la rutina completa por unos 50-100 euros. No hace falta usar marcas coreanas, simplemente necesitáis productos que cumplan las funciones que os he detallado en los pasos de arriba. Pero como sé que querréis saber cuáles uso yo, os los contaré en un próximo post. En Instagram TV ya tenéis un video del paso a paso.

Y recuerda, si me ves por la calle, sí soy yo aunque parezca que tengo 15 años. En el supermercado ya me han pedido el DNI alguna vez comprando alcohol…

31 marzo, 2019