#Unaalmes Enero: Blancos y negros


#Unaalmes estrena el año viajando al norte de Italia. En concreto a Rávena, la ciudad que hace años abrió embajada diplomática en la calle Luis Santángel de Valencia para colonizar a los desacostumbrados paladares españoles en esto de la pasta fresca. (L’Alquimista). Para estrenar 2015 decidimos echar mano del socorrido fondo de armario con el que triunfas seguro. Ese en el que siempre tiene que haber una perfecto de cuero, como la de nuestro primer convidat del año: Txema Rodríguez.

Nuestro invitado, poco pródigo en los círculos a los que prefiere convertir al blanco y negro, llegó puntual a la cita clandestina con una mesa a la que cada vez se le queda más corta la frecuencia que da nombre a las quedadas.

Txema no necesita demasiadas presentaciones para los que ya lo conozcáis. Y los que aún no sepáis de sus fotografías, siempre podéis acudir a su web (txemarodriguez.com) para ahorraros las explicaciones. Simplemente, disfrutad de sus trabajos en el mundo de los grises. (Yo tengo un Txema Rodríguez en casa!!!)

Sentados a la mesa del mago de la pasta, Bego La Salita, ahora conocida como la hermana del pollito pío gracias al abrigo amarillo de peluche que luce en estos días de frío valenciano, Vicent Molins, el chico que le pone cara al todo Valencia,  nuestro llauro gruñón Hèctor Molina, y servidora. Blancanieves tenía clasificados a sus enanitos, ¿por qué esta exprimidora no va a poder hacer lo mismo?

#Unaalmes de enero
#Unaalmes de enero

El recital fue de órdago. El gastronómico también, gracias a los antipasti y a las tres sartenes de pasta que nos metimos entre pecho y espalda los cinco mosqueteros. Que si flan de parmesano, que si piadinas y calzones… que si pasta e fagiollo a la romagnola (un guiso con pequeñas puntas de pasta, alubias, panceta y romero al que no hay resaca que sobreviva), tortellini de trigueros y tomate natural,y unos papardelle con ragú con los que, al menos servidora, hizo comida única en el día. Pero nosotros somos muy cumplidos y dimos final hasta al postre y los licores. Especialmente recomendable un vino dulce con jengibre macerado. Menú degustación completo.

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Y así, entre harina y harina, conocimos a nuestro convidat. Gracias a él descubrimos que un buen congelador se puede convertir en la mejor lavadora de vuestros vaqueros (dice que lo ha leído), que la Nochevieja se puede pasar con familia de la que se elige y que el blanco y negro puede ser el más colorido de los colores. En #unaalmes de enero se habló de todo y de todos (“Cómo toca Diego Laso el pescado…”) pero, como ya es habitual, se quedará sin revelar. Esta vez, guardado en un carrete  para disfrutar de algunos de los grises más bonitos del momento.

P. D. Txema no trajo ningún palo de selfies

#Unaalmes de febrero está abierto. Buscamos convidat y sitio que nos acoja. Se aceptan sugerencias. ¿Se anima Delia Rodríguez

 

Y desde aquí mi homenaje a la Rodrigo. #todossomoselpollito
Y desde aquí mi homenaje a la Rodrigo. #todossomoselpollito




Receta de curry verde (thai green curry)


El curry verde es uno de los currys más fragantes de cuantos se pueden preparar en casa. Pero también uno de los más sencillos. Es uno de los platos más conocidos y reconocidos de la cocina tailandesa. El pasado verano pasé parte de mis vacaciones en Tailandia. Ni qué decir tiene que comí curry para siempre. Vamos, que me puse fina. A estas alturas de la película, en mi cuarto país asiático, ya soy una más. La valiente que se pide el plato spicy (no lo hagáis si no habéis pasado del tabasco), la que come y cena curry, y la que se atreve a echarle a la piña cortada azúcar con copos de chile. Esa soy yo.

En esta segunda receta os voy a dar todos los secretos para preparar una buena pasta de curry verde que podréis tener en la nevera durante una semana y congelada durante seis meses. La pasta será la base para preparar cualquier cosa: pollo, ternera, pescado, verduras… Lo que prefiráis. El nivel de picante es regulable. Los ingredientes no son complicados de conseguir si acudís a cualquier puesto de mercado especializado en verduras un poco más raras de los normal. Si no, también podéis haceros con una buena pasta de curry verde ya preparada (se puede comprar por internet muy fácilmente.) y tenerla siempre a mano en la nevera. Aguanta hasta un año.Es utilísima.

La receta que aquí os dejo la aprendí hace ya varios años, pero la perfeccioné y modifiqué este verano en un curso intensivo de cocina tailandesa que hice en Chiang Mai. Las familias thai utilizan un número determinado de ingredientes para sus pastas de curry. En la de hoy, usaremos 15. Si te falta de algo, no hay problema. No lo pongas.

 

Pasta para curry verde / M. H.
Pasta para curry verde / M. H.

 Pasta de curry verde

-Media cucharadita de cominos enteros (hay que tostarlos en la sartén un poco)

-Media cucharadita de semillas de cilantro (también se tuestan antes)

-Una cucharada de lemongrass fresco y picado.

-Una cucharada de raíz de galanga picada.

-Una cucharada de la corteza de una lima kaffir.

-Dos cucharaditas de raíz de cilantro fresca picada.

-Dos cucharadas de chalota picada fina.

-Seis dientes de ajo pelados.

-Un trozo de jengibre fresco de unos 5 cm. (El ingrediente original es raíz de ginseng fresca, pero es demasiado complicado de encontrar en España).

-Un trozo de unos 2cm de raíz de cúrcuma pelada.

-Cinco hojas de albahaca sagrada. (Holy basil). No usar albahaca normal. Si no tienes, no uses.

-3 o 4 chiles verdes. (Con uno basta si no toleras el picante).

-Media cucharadita de sal.

-Una cucharadita de pasta de gambas.

Poner todos los ingredientes en un mortero o robot de cocina y triturar hasta que adquiera consistencia de pasta. Podemos guardarla en la nevera siete días o en el congelador hasta seis meses. Si aún así, no te atreves a hacerla o no encuentras los ingredientes, compra una hecha.

 

Green curry chicken (Pollo al curry verde) 2 personas

 

Ingredientes:

-Una taza de leche de coco.

-Una cucharada de la pasta de curry verde (hecha o comprada).

-250 gramos de pollo sin piel. La parte que prefieras, hecha daditos.

-Media berenjena a trocitos del tamaño del pollo (hay que ponerla en agua fría con sal durante dos minutos antes de usarla)

-Dos hojas de lima kaffir.

-Una cucharadita de azúcar moreno (puede ser blanca, pero no la pongas toda)

-Una cucharada de salsa de pescado.  (Se encuentra en un hipermercado, pero puedes sustituirla por soja si no tienes o eres vegetariano)

-Un chile rojo

Hierbas frescas para preparar pasta de curry verde / M. H.
Hierbas frescas para preparar pasta de curry verde / M. H.

 

Elaboración:

Encendemos la sartén honda, cacerola, o wok a fuego bajo y ponemos la pasta de curry verde durante un minuto sin dejar de remover. De este modo soltará toda la fragancia. Cuidado de que no se os queme. Añadimos después la leche de coco y mezclamos bien. Subir el fuego a temperatura media y añadir el pollo o la carne, verdura o pescado elegido. Comprueba que hierva y cuando haya cambiado de color (esté hecha) añade el resto de ingredientes, excepto el chile. Remueve bien y después de cinco minutos, baja el fuego al mínimo y déjalo durante diez minutos más. Pica el chile y utilízalo para decorar tu plato. Yo siempre lo sirvo en cuencos y lo acompaño con arroz jarmín cocido (arroz blanco).

Green curry en proceso
Green curry en proceso


Advertencia:
nunca tapéis la sartén/cacerola de un curry que lleve leche de coco. La grasa de la leche tiende a separarse del agua y aunque no hay ningún problema alimentario, vuestro plato puede parecer cortado. Y un último consejo: nunca te eches el arroz en el cuenco o plato del curry, sino al revés. Ve poniéndote los trozos de carne, pescado o verdura en el arroz. Es una gran ofensa para los tailandeses.




Por qué me gustan las matrioskas


Yo confieso. Tengo absoluta devoción por las matrioskas. Las muñecas rusas de madera que albergan en su interior a otra más pequeña y así hasta el tamaño pegote. Me dan ternura, me hacen sonreír, me ponen nostálgica. En definitiva, me hacen muy feliz. Por eso, procuro tener siempre una cerca. A estas alturas a nadie se le escapa que vivo rodeada de estos personajes, pero pocos han sido los que se han atrevido a pronunciar las palabras mágicas: ¿Por qué te gustan? 

(Abajo os dejo una galería de las que he recopilado).

Matrioskas en los jardines del Kremlin / M. H.
Matrioskas en los jardines del Kremlin / M. H.

 

La primera muñeca rusa llegó a casa en 1989, aunque venía de Estambul. Yo tenía entonces cinco años y ni siquiera fue un regalo para mí, sino para mi madre. Aún recuerdo cuando mi prima (hoy en día una hermana para mí) llegó del viaje de paso del ecuador con medio gran bazar en la mochila. A mí me cayó un disfraz de las Mil y una Noches que dio vueltas por casa durante un par de días. El tiempo que tardé en cansarme del chalequito rosa con apliques dorados y de los bombachos de raso. A mí lo que me fascinó fue la matrioska. Jugué con ella desde entonces. Una clásica, amarilla con falda roja y flores en el delantal, de siete piezas. Con los años, ocupó lugar preferente en la decoración del salón de mi casa.

En 1989 también empecé a estudiar ballet a regañadientes. Imagino que mi madre creyó que era la actividad ideal para domar los nervios de la fierecilla de la casa y aprender una disciplina que me ha acabado convirtiendo en alguien con un método para casi todo.

Años después mi madre me llevó a ver un ballet ruso de los muchos que colonizan los teatros de medio pelo en Navidad. Mi primer ballet trajo a mi vida mi primera matrioska rusa. Llegada de Rusia, como el ballet. Un pequeño trozo de madera sin descendencia que compramos en el hall del auditorio, entre souvenirs de hoces y martillos. Hija única, como yo entonces. Y la guardé para siempre como un tesoro. Como recuerdo de una época en la que fui muy feliz.

Mi primera matrioska. Arriba, la que me compró mi madre /M. H.
Mi primera matrioska. Arriba, la que me compró mi madre /M. H.

 

Yo confieso de nuevo. Fui una niña fui muy feliz. Con el ballet y con las matrioskas. Y fantaseando con la idea de ser bailarina. Y con que mi madre me llevara a ver un ballet ruso de verdad. Y con ir a Rusia. Y con que me viera bailar en un teatro. Aunque nunca pudo llevarme. Ni regalarme más muñecas rusas. Pero con todo lo que hizo fui muy feliz. Yo tampoco fui bailarina, ni bailé en un teatro. Pero sí fui a Rusia, y vi ballets por todo el mundo y compré más matrioskas.

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Parada técnica en el mismísimo Teatro del Bolshoi /M. H.

 

Las muñecas rusas me recuerdan a mi infancia. A mis primeras zapatillas de ballet. A mi tutú amarillo, a las clases de música… a mi madre. Con los años he conseguido reunir todo tipo de cosas con su forma o su dibujo. Unas veces, compradas por mí, pero la mayoría, regalo de la mucha gente que me identifica con esas coloridas muñecas. Tengo sacapuntas, cucharillas medidoras, tazas, una sujetando la puerta del salón en el suelo, collares, pendientes, la funda de mi teléfono, post it, libros, llaveros y hasta bolas de Navidad… He estado en Rusia, guardo todas mis puntas de ballet desde los doce años, he visitado el Bolshoi, he comprado objetos con muñecas rusas, me he perdido en las calles de Moscú buscando el museo nacional de las matrioskas (pero lo encontré!), he aprendido a hacerlas (gracias hamiga Isa Castelló), a pintarlas, he estado en el Marinski, he visto media docena de veces al Royal Ballet en acción, me sé de memoria El lago de los cisnes, tengo tropecientos DVD de Tamara Rojo, cocino con un delantal de una matrioska, he visto bailar al American Ballet y elegí las muñecas rusas como cabecera de este blog, pero nunca me he atrevido comprar una matrioska clásica, como la que me compró mi madre ese día. Ni como la que mi chacha nos trajo de Estambul en esa época en la que yo fui tan feliz. Esas que siguen en la estatentería de casa recordándome que un día yo quise ir a Rusia y acabé pisando la plaza roja.

Los sueños a veces se cumplen.

P.D: Todos tranquilos. Mi casa no es un museo de los horrores ni duermo abrazada a una matrioska.

A mi amiga Rosana por el sacapuntas, a Mercedes Sanchordi por su broche y collar, a mi compañera Lulú por su pulsera, a Dani Valero por haber añadido la última a mi colección, a mi cuñada por mi mochila, a María Ruiz por mi set de manicura, a mi gran compañero Juan Nieto por darle una hermana rubia a mi pimentero, a mi Gorka por llevarme a Rusia, a mi chacha por traerme la primera matrioska, a mi suegra por mi delantal, a María Tormo por el cabecero de este blog, y a mis muchas profesoras de ballet por no dejarme llorar aunque me dolieran los pies, a mi amigo y MD Hèctor Molina por hacerme la pregunta que da lugar a esta historia, a los que me dejo, y a todos los que alguna vez os habéis acordado de mí al ver una matrioska. Pero sobre todo a mi madre, porque un día me hizo como soy.

GALERÍA DE FOTOS:

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Muñeca rusa en los jardines del Kremlin /M. H.

 

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Tazas medidoras para cocinar /M. H.

 

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Cojines de patchwork hechos por mí /M. H.

 

La última de la colección, regalo de Davi Valero /M. H.
La última de la colección, regalo de Dani Valero /M. H.

 

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Muñeca rusa de patchwork antes de coser/ M. H.

 

pulsera
Una de mis pulseritas/ M. H.

 

psicoterapia
Uno de los muchos whatsapp que me han mandado /M. H.

 

movil
Mi carcasa de iphone /M. H.

 

lapiz
Sacapuntas y goma de borrar/ M. H.

 

la foto
Pimenteros: uno para blanca y otro para negra /M. H.

 

Delantal de Rusia /M. H.
Delantal de Rusia /M. H.

 

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El cojín a medias… /M. H.

 

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Servilletas compradas en Tiger /M. H.

 

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Libreta comprada en Liverpool /M. H.

 

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Tope para la puerta comprado en The UK /M. H.

 

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Marco para fotos que compré por el fondo… /M. H.

 

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La cama de mi casa /M. H.

 

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Matrioska enfurecida, vista en Praga /M. H.

 

Mis puntas de ballet /M. H.
Mis puntas de ballet /M. H.

 

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Puesto callejero en San Petersbrugo /M. H.

 

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San Basilio (Moscú) en mis manos /M. H.

 

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Servidora convertida en matrioska, en Rusia / M. H.

 

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Gracias al suelo encontré el museo nacional de matrioskas, en Moscú / M. H.

 

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Mi sobrina Sabina, digna heredera del matrioskismo. Para ella, “belenes” /M. H.